
Cada año los vasos son más pequeños, los conciertos menos interesantes y la cervesa igual de mala, pero los amigos, las conversaciones, los reencuentros siguen siendo tan divertidos como siempre o más...Son barrakas.
La gente se pregunta que hacemos tantas horas allí, sujetando el vaso, bebiendo, fumando, riendo, bailando,...enmedio de la nada. Es difícil de explicar solo se puede decir que es contagioso, engancha... y aunque ya no seamos universitarios y tanto trasnochar pase factura seguimos allí aguantando.